Un gigante que vibra al ritmo de la samba y la naturaleza exuberante. Desde las playas de Río hasta la selva amazónica, es un estallido de colores. Brasil nos enseñó que la hospitalidad es un lenguaje universal y que la energía de su gente es contagiosa en cada aventura.
Brasil es el vecino que siempre sorprende. Siendo argentinos, creemos que lo conocemos bien — pero cada vez que cruzamos la frontera, Brasil nos demuestra que es mucho más grande, más diverso y más fascinante de lo que imaginábamos. Es el quinto país más grande del mundo y tiene de todo: selva amazónica, playas paradisíacas, Pantanal, desiertos de dunas, ciudades coloniales y una de las metrópolis más vibrantes del planeta.
Río de Janeiro es una ciudad que te impacta desde el primer segundo. El Cristo Redentor, Copacabana, Ipanema, el Pan de Azúcar y la energía de la carioca son únicos. Pero Brasil es mucho más que Río: Salvador de Bahía tiene la cultura afrobrasileña más rica del continente, el Amazonas es el pulmón del mundo y el Pantanal es el mejor lugar del planeta para ver jaguares en libertad.
Para los argentinos, Brasil tiene la ventaja de estar cerca y no necesitar visado. El idioma es una barrera menor de lo que parece — con español te entendés bastante bien. Y la hospitalidad brasileña es genuina y contagiosa.
El Cristo Redentor, Copacabana, Ipanema, el Pan de Azúcar y el Carnaval. Río es una ciudad que vive hacia afuera, con una energía que no tiene igual.
El pulmón del mundo. Manaus es la puerta de entrada a la selva más grande del planeta. Los lodges en el río ofrecen experiencias de inmersión únicas.
El humedal más grande del mundo y el mejor lugar de América para ver jaguares, capibaras, caimanes y una biodiversidad extraordinaria.
La vista panorámica desde el lado brasileño es diferente a la argentina — más amplia, perfecta para fotografiar la totalidad de las cataratas.
El corazón de la cultura afrobrasileña. El Pelourinho (Patrimonio UNESCO), el candomblé, la capoeira y la gastronomía bahiana son experiencias únicas.
Un desierto de dunas blancas con lagunas de agua dulce turquesa. Uno de los paisajes más surrealistas de Brasil.
En las ciudades grandes (Río, São Paulo, Salvador), tomá precauciones básicas: no mostrés el celular en la calle, usá taxis de aplicación y evitá las favelas sin guía.
El portugués brasileño es diferente al europeo. Con español te entendés bastante bien — los brasileños son pacientes y hacen el esfuerzo de comunicarse.
El real fluctúa bastante. Cambiá dinero en casas de cambio o cajeros automáticos. Las tarjetas de crédito funcionan bien en las ciudades.
Los vuelos internos son la mejor opción para cubrir las grandes distancias. Los buses son cómodos y económicos para trayectos medianos.
El açaí, la feijoada, el churrasco gaúcho, el acarajé bahiano y la caipirinha son imprescindibles. Cada región tiene su propia cocina.
Brasil te enseña que la alegría es una forma de resistencia. Y que un país que baila así, que ríe así, tiene algo muy especial que el mundo necesita.
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